domingo, 14 de enero de 2018

Las canciones de los Mundiales

Con el sello oficial de la FIFA o adoptadas por los hinchas a fuerza de repeticiones, hay melodías que quedan ligadas de manera inseparable a una Copa del Mundo.
Sumerjámonos desde estas canciones en un viaje a la nostalgia mundialista:

RUSIA 2018
La cantante Polina Gagarina, junto a Egor Creed, le pone la voz a Команда 2018 (Equipo 2018), el tema oficial, cantado en ruso.



BRASIL 2014
El estadounidense Armando Pérez es conocidos como Pitbull y suele cantar en inglés y en castellano, quizá por eso el tema We Are One (Ole Ola) no pegó lo suficiente. Estuvo acompañado por Jennifer López y Claudia Leitte. Que un país con tremenda ligazón musical no haya tenido un tema autóctono es un pecado.



SUDÁFRICA 2010
Aunque fue acusada de plagio, la colombiana Shakira será por siempre inseparable del tema Waka Waka (esto es África) que le puso melodía a la primera Copa del Mundo en suelo africano.


Por aquellos días también sonaba Wavin' Flag, tema publicitario de Coca-Cola que cantante somalí K'naan entonaba junto al español David Bisbal.



ALEMANIA 2006
La versión oficial The time of our lives, interpretada por el cuarteto tetranacional Il Divo es una pieza exquisita, pero no quedó ligada a la Copa del Mundo


Tampoco Herbert Grönemeyer, quien entonó Zeit, Dass Sich Was Dreht (Celebrate the Day, en inglés), que ciertamente no será de las más recordadas.



JAPÓN/COREA 2002
Japoneses y coreanos le confiaron a Vangelis la realización del himno para 2002 y el genio griego (su nombre real es Evangelos Papathanassiou) se despachó con esta tremenda versión orquestal. Como la mayoría de sus creaciones, de primerísimo nivel.


Como complemento, la estadounidense Anastacia puso su voz para el tema Boom. Flojo.


Para los argentinos, además, se suma el recuerdo de la versión de Shimauta que entonaba el polifacético Alfredo Casero. La canción japonesa quedó tan emparentada a esa Copa del Mundo que muchos creen que era el tema del mundial.



FRANCIA 1998
Carnival de Paris se llamó el tema oficial ejecutado por el trío inglés Dario G. Es totalmente instrumental.


Nuevamente otro tema quedó más relacionado con el torneo que el oficial: el puertorriqueño Ricky Martin la pegó con su La copa de la vida, que fue un éxito arrollador y aún sigue sonando.



ESTADOS UNIDOS 1994
Gloryland fue el lanzamiento oficial de la FIFA para las canciones de la Copa del Mundo. También ha sido publicado bajo el título Soccer Rocks the Globe: World Cup USA 94. El álbum completo incluye temas de Queen, Tears for Fears, Bon Jovi, Tina Turner y Santana, entre otros. El corte más difundido, también llamado Gloryland está basado en un tema tradicional que combinó rock, soul, rhythm y blues; fue interpretado por Daryl Hall y Sound of Blackness.



ITALIA 1990
Por lejos, el tema Un'estate italiana (Un verano italiano) entonado por Gianna Nannini y Edoardo Bennato es el mejor de todos, casi insuperable.



MÉXICO 1986
Con el nombre de México 86: el mundo unido por un balón, el chileno naturalizado mexicano Juan Carlos Abara bautizó al tema oficial de la Copa del Mundo. Lo cantó la selección nacional.


Pero ese mundial tuvo en Héroes su película oficial, y el tema A special kind of Hero en la voz de la inglesa Stephanie Lawrence es tan emocionante como recordado.


Además, para los argentinos sonará siempre la maravillosa voz de Valeria Lynch interpretando Me das cada días más... Piel de gallina:



ESPAÑA 1982
Con inconfundible tono hispano, el tenor Plácido Domingo cantó Sevillanas del Mundial de España, de José da Rosa Villegas.



ARGENTINA 1978
El maestro italiano Ennio Morricone, creador de innumerables bandas sonoras de películas, compuso El Mundial, una marcha que quedará por siempre en los corazones junto a aquel formidable equipo de César Luis Menotti y los goles de Mario Kempes.


Además, la dictadura que había usurpado el poder en la Argentina impuso una marcha con sonido castrense entonada por niños, conocida como 25 millones de argentinos.



ALEMANIA FEDERAL 1974
La mismísima selección alemana grabó Fußball ist unser Leben (el fútbol es nuestra vida), que terminó siendo el himno del mundial. Una joyita alegre y festiva.



MÉXICO 1970
La canción del brasileño Roberto do Nascimento se llamó Fútbol México 70 y entre coros y mariachis se dejó un párrafo para la clásica porra "chiquiti bum a la bim bom ba".



INGLATERRA 1966
El escocés Lonnie Donegan puso su voz para el tema oficial World Cup Willie, que homenajeaba al leoncito Willie, la primera mascota mundialista. El estilo skiffle le puso alegría a la flema británica.



CHILE 1962
La primera canción oficial mundialista surgió al oeste de la Cordillera de los Andes: El rock del Mundial, compuesto por Jorge Rojas Astorga, director del grupo The Ramblers. Una pieza histórica.


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jueves, 11 de enero de 2018

Los afiches de la Copa del Mundo

Un repaso a los afiches que acompañaron a la Copa del Mundo desde su primera edición, en 1930.
URUGUAY 1930 - Con estilo art decó, un golero salva un gol en el ángulo. Indica las fechas 15 de julio y 15 de agosto, aunque el Mundial se jugó entre el 13 y el 30 de julio.

ITALIA 1934 - La viril estampa de un jugador con la camiseta azzurra domina la escena ante banderas (mal coloreadas) de los países participantes. La leyenda "Italia anno XII" se refiere a los 12 años de poder fascista, iniciado en 1922.

FRANCIA 1938 - Diseño típico de la época. La parte inferior de un futbolista pisa la pelota "Allen" sobre un globo terráqueo. Conceptual y elegante.

BRASIL 1950 - Una zurda brasileña lleva el balón, pero lo curioso está en la media: está compuesta de banderas del mundo, no solamente de los países participantes.

SUIZA 1954 - Sin mencionar la sede, el arquero con su estirada estéril solamente atina a mirar cómo el balón llega a la red. A su vez, la malla recrea un estilo de rompecabezas con el dibujo.

SUECIA 1958 - El despeje alto del zaguero se enreda con la banda compuesta por las banderas de las naciones participantes.

CHILE 1962 - "¿Dónde queda Chile?" se preguntaron algunos tras la designación. El póster muestra su lugar en el mundo y pone a la pelota como un satélite planetario.

INGLATERRA 1966 - La primera mascota mundialista se mete también en el afiche inglés.

MÉXICO 1970 - El diseño vanguardista de la pelota Telstar sobre un fondo rosa mexicano y la tipografía similar a la usada en los Juegos Olímpicos de 1968.

ALEMANIA FEDERAL 1974 - Ninguna referencia alemana, ni siquiera en el color del jugador. La camiseta azul recuerda más bien a la República Democrática de Alemania. 

ARGENTINA 1978 - Abrazo argentino y bigote setentoso para un afiche que fue presagio de la victoria local.

ESPAÑA 1982 - ¿Y el fútbol dónde está? La obra de Joan Miró, con su impronta inconfundible, despliega belleza aunque resulte incomprensible.

MÉXICO 1986 - Entre las estatuas de los Gigantes de Tula, la sombra de un guerrero azteca parece a punto de patear el balón. Este afiche se hizo en dos formatos: vertical y horizontal.

ITALIA 1990 - Un negativo del Coliseo Romano convertido en una cancha de fútbol con marcado acento internacional.

ESTADOS UNIDOS 1994 - Un caso curioso: el afiche difundido fue el de la izquierda, con un futbolista conquistando el espacio. Sin embargo en la galería de la FIFA figura el de la derecha, con los colores estadounidenses.

FRANCIA 1998 - Un estadio a trazos gruesos para el segundo mundial francés en el que puntos blancos y negros simulan ser el público sobre un fondo multicolor. 

COREA DEL SUR / JAPÓN 2002 - De nuevo las pinceladas para crear un campo de juego y un círculo central que recrea el logo con la Copa del Mundo.

ALEMANIA 2006 - Otra vez sin más referencia alemana que el logotipo (en inglés): un cielo estrellado recrea una constelación con forma de pelota.

SUDÁFRICA 2010 - El perfil de un jugador a punto de cabecear se transforma en el mapa del continente africano.

BRASIL 2014 - Alegorías a la flora, la fauna y la cultura de Brasil dan marco a un mapa del país. 

RUSIA 2018 - La figura del legendario arquero Lev Yashin se convierte en el primer futbolista con nombre propio que protagoniza un afiche oficial.

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lunes, 8 de enero de 2018

Un rebelde querible: Garrafa Sánchez

Este 8 de enero se cumplen 12 años de la muerte del querido Garrafa Sánchez. Como recuerdo, esta entrevista en El Gráfico:

Talentoso, impulsivo y atorrante cabal, Garrafa es uno de los grandes personajes del ascenso y el niño mimado de la hinchada de Banfield. Creció en una villa y llegó a estar a prueba en el Boca de Bilardo, pero el fútbol grande lo tiene sin cuidado y sueña con retirarse en su amado Laferrere.


Artículo publicado en la revista El Gráfico, en febrero de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES Y DIEGO MELCONIAN


La tarde de febrero se pone a cada minuto más pesada. El cielo del sur del Gran Buenos Aires amenaza descargar la tormenta demorada y, en la cancha, la reserva de Banfield lucha para levantar un tempranero 0-1 ante J.J. Urquiza. Entre los suplentes, recuperándose de una lesión, se destaca el volante José Luis Sánchez, Garrafa, el preferido de los hinchas. Un taco, un caño, un codazo… Para él no hay amistoso, ni pretemporada que valgan; “no me gusta perder a nada”, recalca, y se le nota. Después de una gran jugada personal, consigue el empate y se lo dedica con fiereza al árbitro. El grito retumbó fuerte en el estadio casi vacío y el desenlace fue previsible: afuera.
“Siempre fui así, siempre jugué igual. En el potrero, en Laferrere y ahora en Banfield, ¿por qué voy a cambiar? No me va a cambiar nadie”, se justifica.

-Pero por sobre el resultado, sos un tipo al que le gusta jugar. No se entiende…
-Como todos, quiero ganar, pero si tengo que tirar un caño, lo tiro, no tengo problemas. Aunque vaya ganando o perdiendo lo tiro igual.

-¿Nunca pensaste en que podías perjudicar a tus compañeros?
-No, porque me fue siempre bien. Tampoco voy a tirar cien caños… tiro unos diez y por ahí me salen seis o siete. Pero voy para adelante, no es que los tiro y me quedo ahí ni en lugares de la cancha donde ponga en peligro al equipo, eso sería una boludez. Los hago más llegando a los córners; nunca tiro caños al pedo.

-¿Qué sensaciones te deja un caño bien tirado?
-Es una alegría por la gente a la que le gusta el buen juego. Hoy no hay muchos jugadores que se animen a tirar caños o tacos, pero quizá no lo hacen por miedo a que les digan algo. Todos los jugadores creen que cuando les tirás un caño los estás cargando, y no es así. Que me tiren un caño a mí. Y si vamos perdiendo se los tiro igual. Es raro, se critica que uno tire un caño, pero no al que te pega una patada en la nuca.

-¿Falta más gente con esta firmeza de convicciones en el fútbol?
-El futbolista habla de la importancia de la concentración, de lo que tiene que hacer en el partido, y yo no. Yo no pienso, vengo a jugar, a divertirme. Hago la entrada en calor y estoy bailando, estoy jodiendo. Yo siento que el fútbol es así, que tenés que demostrar lo que sabés y si sabés jugar tenés que estar tranquilo. Ahora hay jugadores que están nerviosos, les duele la cabeza, pero porque están constantemente pensando en el partido. No hay que pensar mucho en el partido, hay que jugarlo. Cuando estás adentro de la cancha son once contra once.

-Y ahí no cambia el tema de la camiseta, ¿es lo mismo un equipo grande que uno chico?
-Yo jugué en El Porvenir, que es un equipo chico dentro de la divisional y hacía lo mismo. Gracias a Dios fui uno de los mejores jugadores de la categoría y me trajeron a Banfield para que haga lo mismo; si lo cambio soy un boludo, esa es la verdad. Si un equipo te trae es porque te vio jugar; en el Nacional B hice 18 goles, no tengo que cambiar.

El ambiente del fútbol de los sábados lo conoce y reconoce. Desde sus comienzos en Laferere, su ascenso por El Porvenir y su presente en Banfield. Pero en octubre del 96 la vida le hizo probar de cerca el sabor de la Primera, y en un grande. Una oportunidad que no volvió a repetirse.
“Con Laferrere fuimos a jugar un amistoso contra Boca en Ezeiza –recuerda-. El domingo Boca ganó y Bilardo, por cábala, pidió jugar otra vez con nosotros. Anduve bien y me ofrecieron entrenar con ellos. El tema es que no tenía con qué ir hasta allá, porque no hay colectivos, me mandaba con mi moto, una CBR 600. Un día, por la autopista, pasé por la lado de la camioneta de Pumpido, que llebava a Bilardo. Me vieron y como había una cláusula que les prohibía a los jugadores andar en moto, al día siguiente me dijeron no fuera más. Yo sabía que no podía andar en moto, pero, ¿iba a ir a dedo? Por eso digo que no me arrepiento”.

-¿Pensaste que estabas jugando con fuego? ¿Qué podías perder tu gran oportunidad?
-No, porque si no iba en la moto, directamente no iba. No tenía otra. Trataba de ir más temprano, antes de que llegue el micro, para que no me vea nadie…

-¿A cuánto ibas ese día?
-Y ligero… a ciento y pico.

-¿Largaste las motos?
-A los seis meses. Me ofrecieron un Fiat Uno y lo cambié por la moto. Después no me subí nunca más.

-¿Por la comodidad del auto o por la responsabilidad?
-No, me encantan las motos y más adelante voy a volver a tener una. Además mi nena tiene 9 meses y no podría llevarla.

-¿En qué otras cosas te cuidás?
-Vino no tomo nada, pero porque no me gusta, no me cae bien. Quizá alguna cervecita con los compañeros, pero nada más. Ahora, si me invitan a un asado, me puedo comer cinco chorizos, en eso no me fijo.

-¿Estás marcado?
-Un poco. Cuando llegué a Banfield lo primero que me dijeron fue “ojo con las motos” y que no me haga expulsar.

-¿En el potrero eras igual que ahora?
-No jugué mucho. Estaba en los campeonatos de chicos, pero hasta los 13 ó 14 años. Después empecé en Laferrere y los mismos amigos del barrio no me dejaban jugar. Por eso no fui más, sólo para verlos. Como los grandes sabían que yo estaba en el club, me cuidaban porque era el único del barrio que iba a llegar a Primera.

-¿Te daba bronca que te cuidaran?
-No, yo mismo estaba decidido a no jugar. Ni siquiera llevaba la ropa, porque si no, empezás a jugar, te entusiasmás y terminás con una patada que no te deja entrenar en el club. En esos partidos te pegan mucho, con mala leche. Y encima por dos mangos.

-¿Eran torneos por plata?
-Sí, campeonatos-campeonatos. Todos quieren ganar y te matan. Se agarran a piñas, vale todo. Ahí ganás de guapo. Mi hermano Adolfo juega en esos torneos… ¡es un boludo! Un día se fue a probar en la cuarta de Laferrere y quedó, pero después no fue más. No quería entrenar…

-¿Esos años de potrero te curten para jugar en Primera?
-Sí, porque agarrás mucha experiencia, jugás contra tipos duros, no hay referí que te proteja. Te tenés que aguantar todo lo que venga. Pero es lindo, no digo que no. A veces me prendo, en un casados contra solteros, pero entre amigos, no más, sin compromiso. Porque cuando jugás por plata, nunca falta alguno que dice: “aquel juega en Laferrere”, y todos te van a buscar a vos.

-Hablás de tu hermano. A vos, ¿te gusta entrenar?
-Y…

-¿Y qué pasa?
-No le saco el lomo, pero me cuesta. Sé que tengo que venir todos los días y vengo. Es mi trabajo y me la tengo que aguantar.

-Antes no te importaba nada. ¿Qué te hizo ver estas responsabilidades?
-Cuando nació Bárbara, mi nena, empecé a ver otras cosas. Acá, en Banfield, en la B Nacional, es otro mundo, pero el que la sufrió como yo la sufrí en Laferrere y El Porvenir, se da cuenta que esto no hay que perderlo, porque para mí esto es de primera. Y si lo pierdo tengo que volver a un club chico y no quiero sufrir otra vez.

-¿Qué sufrías jugando en Laferrere?
-Yo soy hincha de Laferrere, nací ahí. Pero me debían cinco meses, tenía que mandar cartas documento. Era quilombero, salía en los diarios por pelear mi plata. Terminaban depositándomela porque no me querían dejar libre. En Banfield, por ahí estás dos meses abajo, pero por cómo está el fútbol argentino, no es nada. Acá te tratan como a un jugador, tenés la ropa lista… Sin ir más lejos, en El Porvenir teníamos que llevarnos la ropa para entrenar, bañarnos con agua fría. Y no quiero que eso me pase de vuelta.

-¿No pensás en jugar en la A?
-Me gustaría quedarme, a menos que me salga algo como lo que apareció en diciembre, una oportunidad de ir a Corea. Si me sale algo así, me tengo que ir, porque quiero asegurarme el futuro.

-¿Por qué siempre en clubes del ascenso?
-Estuve un par de días en Ferro, pero no estaba con ánimo de jugar. Mi viejo estaba muy enfermo y eso me sacaba las ganas. Además hubo unos problemitas de plata. Después, encontré a mi viejo tirado, y enseguida dejé de entrenar. Pero eso nadie lo ve. Para criticar hablan todos, pero esas cosas que uno sufre, nadie las contempla.

-¿Te sentís en deuda por no haber jugado en la A?
-Tengo muchas ganas, pero tampoco pretendo ir regalado. Prefiero estar en un club como Banfield y jugar antes que ir a un plantel de Primera y estar de relleno en el banco. Yo quiero jugar, aunque tenga que hacerlo en la C. Es feo estar en el banco.

-¿Y no te quedan las ganas de demostrar que podés dar más?
-No digo que no, pero no se me dio llegar a un equipo bueno para pelear a mitad de tabla. Estuve en Ferro, que estaba descendido, sufriendo con todos los chicos… En Banfield puedo pelear el ascenso y es más competitivo que estar en Primera y perder todos los domingos y no cobrar.

La B Nacional volvió y Banfield está prendido en la lucha por retornar a Primera A.
Garrafa, con contrato hasta junio, seguirá ofreciendo ese toque mezcla de elegancia y de atorrante, el mismo que aprendió en los años duros de la villa La Jabonera, en La Tablada.

-¿Cómo es curtirse en una villa?
-Viví ahí hasta los 13 años, pero entonces no había todas esas cosas que hay ahora, como la droga, era distinto.

-¿Seguiste viendo a tus amigos de entonces?
-Todos esos chicos que se criaron conmigo, lamentablemente, ya no están, por cosas que pasan en la villa. Se los llevó la falopa, o la policía…

-¿Sentís que se discrimina a los villeros?
-Sí, mucho. En la villa hay gente que viene de otros países o del interior a pelearla, a laburar y pagan el pato por los otros, porque también hay mucha gente mala. El barrio cambió mucho.

-¿Y vos cómo zafaste?
-Tenía a mis viejos que me hablaban todos los días. Y nos fuimos justo a tiempo, cuando tenía 13 años. Gracias a Dios, nunca tuve contacto con la droga y todo eso. Después, ya en las inferiores, los partidos son los domingos a la mañana, por eso no podíamos salir a bailar, a joder los sábados. Si hubiera hecho todo eso, me cagaba en el esfuerzo que hacía mi viejo para que yo pudiera jugar al fútbol. Además, a los 14 años conocí a Alicia, la que hoy es mi señora; me puse las pilas. 

-¿Cómo fue tu educación?
-Yo terminé la primaria y largué. Pero a un hijo mío le inculcaría que primero está el estudio y después el fútbol. Hoy veo cosas raras, como que los chicos van a probarse a un club y van con los padres. Es como que los viejos están interesados en sacar provecho de los pibes. Y no es así la cosa.

-¿Qué proyectos tenés fuera del fútbol?
-Pienso jugar hasta los 35 años y terminar en Laferrere. Aunque esté en la C y tenga que ir gratis. Es mi vida y siempre digo que no tenés que estar besando camisetas para demostrar cuánto querés a un club. La única camiseta que voy a besar es la de Laferrere. Eso no quita que deje todo hoy en Banfield.

-¿Después del fútbol, qué?
-Me gustaría estar como ayudante de campo o algo vinculado con el fútbol, porque no me veo trabajando.

SIEMPRE JUNTO A SU PADRE
La lucha por salir de la villa no fue fácil. Francisco, su padre, tuvo que deslomarse repartiendo garrafas de gas junto a su hijo para poder enderezar el futuro, en una casita de Laferrere. Ahí nació el apodo, y también se estrechó una relación de afecto que siguió creciendo hasta el último minuto de vida de Don Francisco.
“Yo soy profesional, pero también muy familiar. Me voy del club y estoy todo el tiempo con mi familia –resume-. Cuando jugaba en Bella Vista de Montevideo me daban los lunes libres y yo me venía a ver a mi viejo que estaba enfermo. Hay pocos jugadores que hacen eso”.

-¿Qué enfermedad tuvo?
-Cáncer en los pulmones. Sufrió mucho, fueron siete meses duros. Cuando me enteré dije “no juego más”. No quería saber nada, sólo estar al lado de él. Estuvo un mes en casa y después lo internaron. En el hospital no había comodidades, pero dormíamos en el piso de la sala, para cuidarlo. Quise disfrutarlo hasta el final y esas imágenes no me las olvido nunca más. Largué el fútbol por casi diez meses, pero más allá de que mi viejo se haya ido, me queda para toda la vida la tranquilidad de haber estado con él hasta el último minuto.

-En el primer partido, después de la muerte de tu papá le ganaron a Chicago 6-1. Hiciste un gol y hubo un momento de emoción que no todos entendieron…
-Los de Chicago pensaron que los estaba cargando. Festejé el gol adentro del arco mirando al cielo, justo delante de la hinchada de ellos. Me sacaron amarilla, pero solamente yo sabía que en ese momento estaba festejando el gol con mi papá.

El 8 de enero de 2006 José Luis Sánchez murió tras dos días de agonía, luego de caer mientras hacía piruetas con su moto, frente a la puerta de su casa. El volante ofensivo dejó su sello en Laferrere (1993/97 y 2005), El Porvenir (1997/99), Bella Vista de Montevideo (1999/2000) y Banfield, donde se dio el gusto de jugar en la Copa Libertadores.
Tenía 31 años. Una tribuna del estadio de Laferrere hoy lleva su nombre.
El homenaje a Garrafa Sánchez en la plaza que los banfileños le dedicaron al lado del estadio Florencio Sola.